Reseña de “MIS DÍAS SIN VICTORIA” de Rodrigo Arena

1.

Y que este texto sobre una obra, una obra de un diario que habla. Que habla de un amor, nacido del arte, como nace todo, es decir, todo: este texto, ese diario, esa obra. Te veo. Arrodillado. Sobre el vino derramado, o la sangre, porque era vino y era sangre. Pero esa sangre no era tuya, si no de un sacrificio exigido para que toda nazca, y haya arte. No, no era mia, no. Venía de antaño, del sacrificio del arte por el amor, o mejor, al revés, del amor por el arte. Qué triste y engañoso el pas de deux. No me mientas, nunca fueron dos. Tres vinos tomaste esa noche antes de que no fuera personal. Tres, siempre tres. Está Victoria, está la obra en la que está Victoria, y está luego lo que se presenta frente a mi: la obra que cuenta de Victoria y de su ausencia. Ahora sin Victoria.  Y antes de Victoria y de su obra, estabas vos, dirigiendo desde el centro de la creación. Ahora, o sea antes, están vos, la obra y Victoria. Tanta batalla para alcanzar un pobre resto de lo real. Agónica, lucha la ficción por traicionarse, y decir lo que no puede.  Y ahí está, otra vez intentando.

 

2.

Yo te acompaño, desde mi asiento, pero veo que me querés llevar más allá, capaz a un lugar al que no sé si quería ir. Te fuiste al mar, y ahí yo me instalé en la comodidad de lo inasible. Me enseñaste que no tengo una imagen del mar, tampoco la tenía de la muerte, ¿te acordás? Apenas tengo un nombre: ‘el mar’.  Iba a decir ‘un tibio nombre’, pero lo poco que el nombre nombra, lo poco que dice un nombre, me impide siquiera calificarlo. Alejandra me contó, cuando ya se había ido, que el lenguaje es miseria “cómo decir con palabras de este mundo que ha partido de mi un barco llevándome”. Y que más pobre se vuelve cuando más te vas. Y que más pobre parece aún cuando se va Victoria: de la playa, de la escena, de la obra. Tres, como siempre, tres. Tres sufridas que cantan tres. Frida, su imagen y su escena. Tres intentos de suicidio te borran. Quizas, quizas, quizas. Te busqué en toda la obra. Quise -y fracasé!. Quise ser más inteligente que vos, desvelar el misterio que se ocultaba detrás del tul. Quise, y no pude. Y acá estoy, otra vez, intentando.

 

3.

Cada página del diario, cada página de la obra, busca también asir, de alguna manera, cada día sin Victoria. Por que si el nombre, y entonces el lenguaje , se vuelven pobres para poder hablar del mar y de Victoria, más pobre e insignificante lo es para narrar el paso de los días en que ella no está. No hay solución salomónica, no hay justicia posible que pueda repartirse entre tres, solo queda el desgarro de tu ser. Y cada fibra de tu cuerpo se separa y se reparte. Un pedazo para el lenguaje, que es la obra. Un pedazo para Victoria. Y por  último, un pedazo para su ausencia. Te veo. Fracasando una y otra vez, tratando de unir las piezas. Cada página del diario expone, de nuevo, el fracaso. Pero mientras los días se sigan escribiendo, y mientras el arte sea todavía posible, te veo, otra vez, intentando.

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