Espacios y señales de tránsito: la humanidad en cuestión en la obra de Sbarra y Proust

Quisiera comenzar con una proposición en todo general que intentaré  justificar, espero, a lo largo de este trabajo. La espacialidad como categoría que atraviesa la literatura proustiana y sbarriana es una que convierte al arte en un lugar fronterizo o mejor en un lugar de tránsito, y que por ello se vuelve una potente reflexión sobre la vida humana. Este texto busca entonces trazar puentes entre la propuesta ficcional como reflexión sobre el arte, y esta última a su vez como reflexión sobre la vida humana.

Quisiera entonces –casi como un capricho- intentar en primer lugar un tránsito entre dos poéticas literarias, intentar unir de forma bidireccional la poética proustiana y la poética sbarriana, como dos lecturas complementarias. Pero no porque una carezca de lo que otra abunda, sino porque en cierto sentido hipotetizo que llegan a una similar concepción de la obra de arte en tanto creación de un espacio del todo peculiar, un espacio en el que la experiencia de la muerte, del dolor y de la humillación adquieren todo su espesor. Y ello es así porque el espacio que ficcionalizan es un espacio ambiguo, enigmático, que conduce de un lugar a otro, de la ficción a la vida, de la verdad al dolor, del amor a la muerte, pero fundamentalmente, de la ficción al sujeto, al lector que lee, que encontrará allí una puesta en escena de sus propios límites. 

 Para ello primero deberemos ver como sus espacios ficcionales son alegorías de la obra de arte. En principio, de ambas obras podría decirse lo que Adorno señala sobre la obra de Valery, a saber, que se mueven “en la angosta cresta entre configuración estética y la reflexión sobre el arte”. Pero que al hacerlo, insisto, sus poéticas se vuelve también un poderoso instrumento (¿óptico?) de reflexión sobre la vida, lo que veremos en segundo lugar. En ambos casos, el de Proust y el de Sbarra estos espacios ambiguos, de tránsito, están dados no sólo por los lugares particulares de las escenas, sino también por el lenguaje que sus personajes despliegan. 

El riesgo que veo en esta operación es que requiere tomar en serio las ficciones poéticas que dos novelas nos presentan. Aclaremos esto, ni Proust ni Sbarra han escrito tratados donde expresen sus teorías definitivas sobre la literatura, de modo que hace falta reconstruirlas, si esto es posible, de la manera en que han organizado y formado sus propias obras literarias. El segundo riesgo, es como siempre, el del malentendido o la mala interpretación de las mismas. En ambos casos, correr esos riesgos está justificado por la propia poética que despliegan. Dejo abierto entonces el espacio de incertidumbre y la perplejidad, uno al que ambas novelas no han dejado una y otra vez de conducirme.

José Sbarra: Las señales de tránsito en Plástico Cruel

José Sbarra es un autor un tanto peculiar. Guionista de programas de tv, trabajador de la revista Billiken, poeta y literato, homosexual, prostituto y todo un moralista, tal como se define, que ha permanecido como un outsider de la literatura argentina. Algunas de sus novelas principales, Plástico Cruel, Marc La sucia rata, Bang Bang y de su poética, Obsesión de vivir y Del mal amor solo circularon por ediciones de una pequeña editorial propia, o por ediciones estilo fanzine. Solo recientemente, la editorial Dagas del sur ha editado Plástico Cruel, Bang Bang y Del mal amor. En este texto me concentraré en Plástico Cruel, cuya trama empieza, como no, en un lugar de paso, la Estación Central de trenes, a la cual llega Axel, un emigrado del campo a la ciudad, quien es recibido por Bombón, una travesti, emigrada del sexo biológico. ‘¿Dónde viste un puto con tetas?’

Por un lado entonces está Bombón, poeta y puta, cuyas páginas de su diario nos relataran la desdicha del amor y de la calle que sufre una travesti entrada en años. En frente, Axel, que llega para triunfar como poeta y del cual por supuesto Bombón se enamora. Axel, cuya primera experiencia sexual según se relata fue con una cerda, es bautizado por Bombón como ‘Axel, el cerdo’. El tercer personaje central, Linda Morris, es una chica rica, caprichosa, plástica y cruel. El texto de la novela, casi un guion teatral, alterna entre diálogos breves, páginas del diario de Bombón e interrupciones en la narrativa que se titulan las “señales del tránsito”. 

Axel es un peculiar y simpático personaje que decide no prestarle ninguna atención a las normas e instituciones sociales, aun cuando declare tener sólidos prejuicios. Guiado solo por su vorágine sexual, dedica sus días a coger y drogarse, encerrado en su sótano con la compañía de dos ratas. No tiene interés alguno en los horarios ni en las convenciones, tampoco en el futuro y solo parece seguir la máxima de su deseo, al punto tal de que el simpático personaje describa una trayectoria que llega a incomodarnos. Sbarra se anima a llevar al personaje de Axel hasta sus últimas consecuencias, donde se mezclan obsesiones, poesía, alucinaciones, drogas, amor, zoofilia, pedofilia y criminalidad. 

Con cada diálogo que lxs otrxs personajes tienen con Axel el Cerdo este despliega su estilo peculiar sarcástico, entre la excesiva explicitación de los términos comunes y el remate final que elimina las previsiones que sus interlocutores pueden hacer en la conversación. Como por ejemplo, en el primer diálogo que sostiene con Linda Morris, de quien Axel se enamorará:

-Espero que tenga baño este autobús-

-¿Baño?

-Sí, Linda, es un espacio pequeño con una pileta, un espejo y un inodoro para…

-Sé muy bien lo que es un baño. Está ahí atrás

-Gracias

-¿No ibas al baño?

-Sólo quería saber si había, porque siempre tuve la fantasía de voltearme una mina en el baño de un autobús.

A su vez, los diálogos establecen entre sí una comunicación singular. A veces, simplemente se repite una frase dicha en otro, pero que en el nuevo contexto adquiere una profundización de sentido. Por ejemplo, entre los primeros diálogos hay una comunicación que se establece  a partir de la cuestión del equipaje: La empresa pierde el equipaje de Linda, Axel llega sin equipaje, Bombón le aclara que su equipaje lo lleva entre las piernas y por último, cuando en el autobús Linda le pregunta a Axel dónde está su equipaje, este contesta ‘Lo llevo entre las piernas’. 

El autobús en el que Linda y Axel se conocen lleva al mar, y es allí donde las señales de tránsito, ya en el comienzo del texto, se configuran como un espacio ambiguo y de paso, que nos irán conduciendo hacia la experiencia dolorosa del amor y la más dolorosa aún de la pérdida del amor. Alguien debería advertirnos que dichas señales son, como veremos después en Proust, una señal de peligro y el peligro mismo, signo y cosa. Curva peligrosa y señal de advertencia. O también, lo que es otra forma de decirlo, una señal que llega demasiado tarde. 

Las señales de tránsito inauguran en la novela el espacio en el cual la experiencia de las convenciones sociales se ve juzgada y desmentida, donde el dolor es expuesto. Axel ama el mar, y quizás su única idea de futuro se encuentra en conocerlo. “El mar no sabe que es mar, ni que lo amas” nos dice la primera señal. Pero la segunda reza:

“Vio el mar por primera vez. En la distancia el mar era azul. Incuestionablemente azul. Sintió la felicidad de comprobar. Corrió desnudo por la arena de una playa sin turistas hasta que las olas le salpicaron la cara. Se detuvo, sospechando algo terrible, tomó entre sus manos un poco de mar. Y lo temido ocurrió. En el hueco de sus manos, el mar dejaba de ser azul, era solo agua transparente. Acortar la distancia para destruir el encanto.”

Si bien las señales de tránsito tienen un estilo sentencioso -y parecen enunciar verdades sin ambigüedades-, los malentendidos, deformaciones del lenguaje y estilos peculiares que veremos aparecer en el análisis de Proust se ubican aquí en los diálogos que continúan a cada señal, diálogos que se vuelven a menudo irrisorios pero muchas veces, también, terribles. Un caso paradigmático es el de la madre de Linda Morris, que tiende siempre a componer sus propias ideas acerca de lo que se le está contando, en una escucha por demás creativa, que mezcla retazos de la información proporcionada con lo que ella ya cree acerca del asunto. 

Por ejemplo, el diálogo que continúa 

-¿Con quién vas a salir, a qué sitio horrible vas a ir y a qué hora pensás volver?

-¿Estás trabajando de madre?

-Estoy tratando de ser tu amiga. Una madre tiene la obligación de saber con quién sale su hija. No me la hagas difícil, Linda. 

-Voy a la cueva de Axel. 

-¿Es un bar de moda?

-Es la casa de Axel

-¿Dónde lo conocimos a ese chico? ¿En algún coctel de la embajada de Grecia?

-No, mamá, Axel, el chico del parque, nunca entró a una embajada. 

-Hace bien. Esas recepciones son cada vez más aburridas. 

-Me voy, mamá. 

-Chau, hija, dale mis saludos al chico de la embajada de Grecia. 

-Chau, mamá

(Plástico Cruel, pp. 62-63)

O este otro

O este otro –Hola, mamá, soy yo, Linda.
–¿Dónde estás, con quién y qué cosa rara estás haciendo?
–Estoy e la cueva de Axel, mamá, y no hacemos nada raro:
estamos escribiendo un libro.
–¿Y eso te parece algo normal? ¿Sobre qué escriben?
–Ningún tema en especial. Contamos las cosas que vivimos. Por ejemplo, la semana pasada estuvimos con un grupo del Boggie-bar, que hacen intercambio sexual comunitario.
–Y esta semana tendrán seguramente alguna de esas enfermedades sociales.
–Tu deducción es correcta, mamá, tengo el pubis lleno de bichitos que pican.
–Andá ya mismo al servicio médico de la familia.
–No es necesario, un travesti amigo nos trajo una pomada.
–¿Cómo se llama ese médico amigo?
–No dije médico, dije travesti, mamá. Y se llama Bombón.
–Últimamente sólo escucho apellidos extrañísimos. ¿El doctor Bombón es experto en ese tema?
–Sí, esa es precisamente su especialidad.
–¿Vendrás a cenar?
–Un día de estos, mamá.
–Espero que la cultura esté aún en buenas manos y que nunca publiquen ese libro

Es llamativo como Sbarra vuelve una y otra vez sobre la idea de signos que se desmienten, de señales equívocas o de referentes que están en lugar de otras cosas. Con bombón, un hombre que es mujer y que cuando insulta es un halago, y por lo cual con ella ‘hay que entender todo al revés’; con las luces de neón de la relojería del Frula, donde la luz roja indica que está todo bien, y se puede comprar droga, y la luz apagada indica que está todo mal. Relojería que en la escena siguiente es una carnicería. Pasa también con los frascos de la Cueva de Axel, que siempre contienen otra cosa distinta de su etiqueta. Axel, por su parte, es presentado como aquel que es incapaz de mentir, y que detesta las mentiras. 

No se trata solo de señales ambiguas, sino también de un lenguaje que se va contaminando, travistiendo, para comenzar a significar algo que solo irónicamente podría querer decir: se trata por ejemplo, del Convento para Travestis-Poetas que quiere fundar Bombón, y del cual ella, por supuesto, será ‘la Puta Madre Superiora’. O incluso, llevando hasta el extremo, sin decirlo, el poema de Baudelaire ‘A una que pasa’, cuando Bombón llega tarde a ‘Una cita para hablar de Baudelaire’ con Linda, dado que se cruza con ‘uno de esos machos que te dejan sin aliento’. Ustedes imaginarán ya qué pasó. Sin duda, Bombón no dejó pasar la oportunidad.

Se trata de una doble operación que en la novela se realiza con el lenguaje: por un lado, el desenmascaramiento de las mentiras que este encubre, y por otro, de reasignación semántica para expresar verdades que no quiere decir. Y esto puede hacerlo la novela solo a condición de llevarlo a este espacio de tránsito, donde las convenciones son suspendidas, y por ello mismo, analizadas y desenmascaradas.

Bombón busca el consuelo reuniéndose con su amiga La Malco, para darse cuenta de que las mujeres (biológicas) también sufren. Pero “¿hay algo más triste que un consuelo?” se pregunta. 

Pero no se trata de establecer verdades unívocas, es como si con cada nuevo diálogo y cada nueva señal, tuviésemos que cambiar nuestras ideas acerca de los personajes, en los cuales se encuentran casi en igual medida, bondad y maldad, hipocresía y sinceridad. La bondad de Bombón y su entrega a Axel se debe al amor y al deseo sexual. Bombón alimenta las sospechas celosas que Axel tiene acerca de Linda, y según sus propias palabras lo incentiva a cometer un ‘plasticidio’. Axel, el tierno personaje inmune a las convenciones, termina teniendo relaciones sexuales con una niña “de nueve, pero parecía de siete”, y Linda Morris, aquella que había declarado que ‘por lo desagradable parecés judio’ y también que ‘ella no sabía que los travestis podían sentir amor’ (con lo cual se gana su renombre de ‘Plástico cruel’) termina abandonando a Axel por otro, solo para volver con él en su momento final.

Si hay una ambigüedad entonces, es decir, un espacio que se vuelve indefinido, borroso, liminal, podría decirse que está en el efecto generado a través de la construcción poética de Sbarra, que al mismo tiempo que genera una risa, la acompaña de un gesto doloroso.

En cada diálogo, en cada señal de tránsito se advierte la nihilización de todo lo que existe, se advierte la muerte como hecho ineludible de la condición humana. Hecho que busca enmascararse todo el tiempo, pero del cual sólo a condición de ser tratado en este espacio ficcional, de tránsito, puede enunciarse. Verdad humana entonces que soóo puede aparecer en la ficción. Se trata de una verdad que ni siquiera Axel puede asumir en sus últimas consecuencias 

El dolor implicado allí, por ejemplo, es el de descubrir que se ha enamorado de aquel Plástico que le interesaba ‘solo por su condición de descartable’, pero que también, como indica una señal, que cualquier pedazo de plástico dura más que un amor eterno. Y más aún, que incluso los lirios de plástico pueden marchitarse: 

Te informo sobre la situación en casa, por si te interesa.

La persiana de nuestro dormitorio se trabó arriba y se niega a bajar.

Las puertas del armario bostezan de noche y de día.

La parte de tu lado de la cama se muere de aburrimiento.

Una banda de polillas insensatas se comió la cortina azul.

Cuelgan de todos los cajones lenguas de trapo sedientas.

Las toallas que olvidaste en el suelo envejecieron precipitadamente.

Los lirios de plástico que habías puesto sobre el calefactor se marchitaron.

No quiero exagerar, pero alguno de los Rolling Stones humedeció

con sus lágrimas la pared donde pegaste el póster.

El cielorraso se descascara pidiendo que vuelvas.

(Y de mi corazón

mejor no hablemos) (Del mal amor)

Proust: el espacio como tránsito de la verdad al dolor

Creo que es productivo establecer una comunicación entre estas temáticas sbarrianas y lo que Proust nos presente en La Recherche, dado que en ambas se interrelacionan ficcionalmente la creación artística con la experiencia del dolor, la fugacidad, la ambigüedad y lo escandalosa.

No obstante, sería imposible, aun cuando muchos críticos lo han intentado, destilar una verdad en la obra proustiana que la misma obra no ponga en jaque en su propio despliegue. La sensibilidad del genio proustiano hacia cada mínimo detalle, cada giro, y cada ambigüedad rechaza la posibilidad de la univocidad y la unilateralidad. No hay una verdad, o no parece haberla, acerca de casi nada, sino que las múltiples concepciones (sobre los personajes, sobre el arte, sobre la sociedad, en fin, sobre la vida) son sucesivamente extraídas de lo profundo del lenguaje que los personajes despliegan, o de aquello que no dicen, o de lo que suponen, o del modo en que se mueven. Cada una de estas verdades es analizada y sopesada. Proust no sólo la rechaza la desambiguación sino que hace de ella, de esta ambigüedad, parte de la trama misma de la novela, en la cual abundan los equívocos, los malentendidos, la simulación, el snobismo, y los contrastes necesarios entre el mal y el bien. 

Si el mundo de la vida es el mundo de los hábitos y las creencias, la literatura proustiana encuentra el modo de analizarlas creando un espacio otro, donde las creencias son suspendidas, puestas entre paréntesis. Este espacio, el espacio literario, debe ser así mismo un espacio fronterizo o, apelando ahora a Sbarra, un espacio de tránsito. 

El inicio de la novela, una en la cual el héroe va en busca de su obra artística, resulta ya un lugar dialéctico: el pasaje del sueño a la vigilia es ya una zona fronteriza. La escena que culmina en el primer tomo con el episodio de la magdalena, nos ofrece el tránsito, nuevamente, entre temporalidades diversas.

Por su parte, los distintos espacios de tránsito, y si se quiere también, los distintos cambios de lugar, van anunciando lecciones que resultarán en el final encuentro con la novela por parte del héroe. El camino de Swann y el de Guermantes, donde el héroe se siente humillado por Gilberte, y ¿el mismo? camino donde al final de la saga se entera que la seña de Gilberte no era un rechazo sino una invitación, y que ambos caminos no eran sino la continuidad uno del otro. La desarticulación de los hábitos y costumbres que produce cada nuevo lugar y cada nueva habitación, el estado de indisposición que sufre hasta que puede hacer del lugar un lugar propio. 

Es interesante considerar el paseo en carruaje junto a su abuela y Madame de Villeparisis, en donde se estremece frente al enigma que un conjunto de tres árboles le ofrecen. Una suerte de verdad metafísica que parece querer revelarse en su aparición, y que no pudiendo ser más que un enigma, queda condenada a ser solo eso. Pero finalmente, en su trayecto hacia la Fiesta de Máscaras en el Salón de Guermantes, donde con tristeza observa lo poco que le dicen los árboles ahora y lo apena su falta de talento para la literatura, llega a descubrir a través de la experiencia revelada por un ruido de cucharas, la suavidad de una servilleta y el reencuentro con Francoise le champi, la manera en que su novela debe componerse, a saber, como una suerte de destilación de las verdades que todas las impresiones sensibles le habían ofrecido pero que no había comprendido por su excesiva intelectualización. 

La obra literaria deberá trabajar sobre el material de dichas impresiones, pero que por efecto de ser colocadas ahora en un nuevo espacio resultarán transfiguradas, perderán su evidencia primaria, su relación inmediata, para ser signo, dislocado, de algo más profundo. Para ello, para crear ese espacio donde la vida  deberá ser analizada, la tarea artística se vuelve paradójica e implica el retiro de vida misma, en la habitación de corcho. Sin embargo, no debe pensarse que el arte debe estar al servicio de esta vida, o como dice Proust, al servicio de la patria, y reflejar las cosas tal como están allí. La verdad que el arte revela “solo empezará en el momento en que el escritor tome dos objetos diferentes, establezca una relación, análoga en el mundo del arte a lo que es la relación única de la ley causal en el mundo de la ciencia, y los encierre en anillos necesarios de un bello estilo” (El tiempo recobrado, 262).

Se trata del movimiento de una sensación a otra, cuya relación no se da a priori, y para establecerla debe ser sustraída de las contingencias del tiempo. Pero esta constelación así formada no resulta arbitraria, sino que la misma naturaleza, dice Proust, le había permitido descubrir la belleza de una cosa en otra, el mediodía de Combray en el son de las campanas. O también, podemos agregar, los más de cien años de aristocracia en el gesto de un Guermantes. 

El espacio literario así descubierto es un espacio en el que se encuentran por primera vez, gracias a la tarea del artista, la verdad común entre dos impresiones, una verdad que se expresa también con el carácter de la ambigüedad y se tiñe con la cualidad de lo indescifrable. Es como si la obra de arte, a fuerza de reconstituir la infinita ambigüedad de la experiencia, a fuerza de ser ella misma signo de esa experiencia, deba volverse tan ambigua y tan misteriosa como aquello que representa, se vuelve signo y cosa, misterio y signo del misterio.

Y tal vez sea por esa misma cualidad, -creo que Proust en definitiva alcanza esta intelección-, que la obra de arte determina ese espacio finalmente donde no puede obtenerse ninguna verdad general, ninguna verdad que valga universalmente, pero en la que cada lector o cada espectador podrá encontrar una exposición de sí mismo. Como efecto de su reclusión y su separación de la vida, la obra de arte incita la pasión detectivesca para encontrarnos finalmente con nosotros mismos. Pues en definitiva, declara el héroe “No serían mis lectores, sino los propios lectores de sí mismos” (442). 

Entonces ¿Qué verdad puede ofrecernos la obra? ¿Qué enseñanza nos deja? Pareciera que finalmente ninguna, lo cual no significa que su tarea sea vana. “Quisiéramos que nos diera respuesta –dice en su prólogo a Sésamos y Lirios de Ruskin- cuando todo lo que puede hacer es darnos deseos” (45). Allí donde el artista ha llegado al máximo de su sabiduría, continúa Proust, se nos aparece como el comienzo de la nuestra, “de suerte que es en el momento en que  nos han dicho todo cuanto podían decirnos nace en nosotros el sentimiento de que todavía no nos han dicho nada” (ídem). 

La obra parece entonces configurarse como una señal, una señal dislocada que un última instancia nos devuelve a nosotros mismos y nos advierte, dolorosamente, que revelar una verdad, una verdad que importe, puede ser angustiante, puede ser terrible y puede enfrentarnos a aquello que quisiéramos evitar. Así como el placer del beso de la madre se ve siempre acompañado de una mueca dolorosa, el placer que la experiencia del arte envuelve se encuentra siempre en Proust acompañada de la revelación de algo doloroso, experiencia ya prefigurada en la escena del viaje junto a su abuela y la sra. Villeparisis, “y cuando veía por casualidad a alguno de los pájaros pasar por detrás de unas hojas, había tan poca relación aparente entre él y sus trinos, que yo me resistía a ver en el cuerpecillo saltarín, asustado y ciego, la causa de sus cantos” (A la sombra de las muchachas en flor, 292). La causa de sus cantos, como si dijese también la causa de sus encantos. 

Algunas conclusiones filosóficas de esta travesía

Si bien en ambas poéticas se inicia un trayecto hacia la literatura, una travesía en el que se deberán afrontar las pruebas de la sociedad, del amor y del dolor, ninguna nos muestra la obra finalmente alcanzada. Quedan allí, detenidas, sin decirnos qué verdad han alcanzado. Pero ambos trayectos nos han hablado de la vida, y nos han señalado los peligros, y nos han hablado de lo humano y de sus ineludibles ambigüedades. 

Tal vez, y creo correr riesgos al decir esto, entonces lo afirmo con toda la dubitabilidad que el asunto merece, la obra de arte, (¿el arte genuino?), se coloca ahí, en ese espacio de tránsito, o mejor, es ese espacio de tránsito. Y que por serlo, se constituye en el espacio vital en el que la vida puede ser puesta entre paréntesis y ser revisada. 

No es por mencionar nombres rimbombantes, pero creo que Kant y Aristóteles, sin duda con enormes diferencias las cuales soy incapaz de siquiera listar, digo, ambos, vieron esto de alguna manera, y creo que Sbarra y Proust, se hicieron cargo de esas consecuencias. Digo Aristóteles por su análisis del efecto que genera el drama cuando a través de la imitación diferida de la acción provoca una reflexión sobre la acción misma, en un doble juego entre distancia e identificación con el asunto del drama. Digo Kant, cuando nos revela que el juicio estético es un juicio reflexivo, que pudiendo prescindir incluso de la existencia del objeto, nos revela nuestra subjetividad. El arte, o mejor, el juicio sobre gusto, nos devuelve la imagen de nuestra propia constitución subjetiva y traza el punto entonces en donde se da el tránsito entre la filosofía práctica y la filosofía teórica. Y de allí, que en la vía del arte, puedan encontrarse, siempre según Kant e, una pista para la pregunta, última pero no menos importante, acerca de qué es lo humano y cuál es su límite. 

Pero para ello, para encontrar entonces la verdad de esa experiencia, la obra misma tiene que constituir un espacio de tránsito. Se trata de la operación de que para revelar una verdad la cosa misma que la revela debe convertirse en esa verdad. Así, para revelar la ineludible verdad humana, su ser no siendo nada determinado de antemano y su definición como ser-para-la-muerte, la obra misma debe dialectizarse, volverse fronteriza. Ese espacio no existe. Parte de la verdad de lo humano está también en negarlo, y se puede caer en el snobismo. Ese espacio no existe. La obra lo crea. Y se vuelve signo y cosa en una misma operación- Señal de tránsito y curva. Alerta del peligro y peligro al mismo tiempo.  Y lo hace, muchas veces, a través de las escenas escandalosas. (Moran)

Lo hacen a través de las experiencias límites, que es donde lo humano se pone en juego, donde lo humano tiembla y se estremece. Las escenas de humillación proustiana, la de Morel, y la de Srita. de Vinteuil, La del Barón de Charlus teniendo sexo con un niño de diez años cuando queda ciego, la humillación sufrida por el mismo Barón por parte de Madame de Verdurin, la escena pedófila presentada con total naturalidad en Sbarra, ¿Cómo juzgar dichas escenas al leerlas? Nuestra moralidad quisiera imponer su juicio, pero la belleza de la obra lo refrena y a su vez parece una inmoralidad imponer un criterio estético a la inmoralidad de la acción que se presenta. Pero más aún, las escenas donde el amor se revela con toda ternura, o en el esplendor del egoísmo; o aquellas que nos cuentan que el amor implica dolor y que el dolor se olvida también, que las cosas perecen. Las obras nos señalan todos estos peligros, pero no nos dicen que debemos hacer, nos dejen allí, en una dialéctica suspendida.

Creo, finalmente, que a este tipo de experiencias y de interrogantes es a la que Proust y Sbarra no dejan una y otra vez de conducirnos (me).

 

 

Un prólogo escrito para un libro regalado en ocasión de un cumpleaños

Prologuistas y Prólogos

 

La infame tradición de prologar un libro viene de muy antaño. Conocido es el Proemio que antecede el poema de Parménides sobre el Ser, del cual solo nos han quedado unos pequeños fragmentos, y por maravilloso designio histórico todo ese prólogo místico. Sólo a partir de allí puede reconstruirse la filosofía parmenídea acerca de este importante tópico, el Ser o La Naturaleza.

El mencionado episodio reviste cierta importancia al prefigurar lo que más de mil años después harían los infames del APyP. Busquemos todavía sus antecedentes históricos. Explicarlos sea quizás la forma de desactivar la decadencia moral a la que nos llevado, y la pobreza a la que han sumido a excelsos escritores.

La tradición de prologar a un escrito continúa siendo importante a medida que la tradición filosófica y literaria se va desarrollando en nuestro occidente. Con sus diferencias claro está. En el caso de la literatura, el prólogo funcionaba ya como una entrada en el terreno de lo ficcional, un rito de pasaje necesario para que nadie confunda su lugar en el mundo: podrán leer a hombres ayudados por excelsos dioses, pero esto es ficción. La tradición prologal filosófica sigue sin embargo distintos carriles. En los prólogos a las obras filosóficas generalmente escritos por el mismo autor del libro del prólogo, este se excusaba de sus posibles errores apelando al carácter aún inconcluso de sus investigaciones sobre el tema, e invitaba a francas discusiones acerca del tópico.

El curso de la historia es sin embargo tirano, y quiso que la cuestión de los prólogos no se mantuviera en sus prudentes carriles. Hubo un punto de inflexión en la oscura Edad Media. Se sabe que el Occidente Latino sólo conoció durante muchos siglos las obras “lógicas” de Aristóteles, esto es, las grandes cabezas filosóficas que pensaron durante la cristiana edad sólo pudieron leer el Organon. Todos sus otros libros y apuntes de clases estuvieron perdidas para ellos, por lo menos hasta el siglo XII. Todo el corpus aristotélico fue a parar, por misteriosos consecuencias, al oriente, a los árabes, que se encontraron con un sistema de categorías totalmente innovador.

En estas condiciones, fue necesario que ilustres pensadores explicaran de algún modo entendible para la mentalidad oriental lo que podrían encontrar al tomar de sus bibliotecas un libro como Ethica Nicomachea, Ars poetica, o De caelo. Nace allí la tradición según la cual una persona distinta del autor (generalmente ya muerto) tradujera de algún modo el complejo sistema que se estaba exponiendo en la obra para una mentalidad que funcionara según otros sistemas categoriales. Refiere Borges las fatigas que le trajeron dos palabras a Abulgualid Muhámmad Ibn–Ahmad ibn–Muhám¬mad ibn–Rushd – Averroes, para simplificar- al intentar traducir dos conceptos griegos -tragedia y comedia- que aparecen en la Poética para una cultura que no poseía la noción de representación teatral.

Con el discurrir de los siglos el prólogo se va volviendo despótico. Comienza con una inocente introducción a la obra, un pasaje por sus puntos fundamentales, pero sabemos que tal acto no es en modo alguno inocente. Los prólogos encorsetan las posibilidades de interpretación de una obra, totalizan su significado y quitan el poco espacio de innovación. Ejercen, hay que advertirlo, una cruel tiranía. Más aún si se tiene en cuenta que hace un tiempo los prólogos se han vuelto un objeto de estudio en sí mismo, todo un campo en el que la crítica literaria, ya agotados sus temas, ha decidido sumergirse.

Dos episodios de nuestra vida cultural son las causas que concurrieron a la actual escandalosa situación. En 1980, Miriam Potking – prologuista de la onceava edición de Requiem for a Nun de Faulkner- se casa con quien ejerciera la presidencia pro tempore del Instituto Para el Desarrollo de Los Estudios Literarios, Grahamn Nisbet. A instancias de tan conveniente matrimonio, Potking crea una asociación para el estudio y desarrollo de los prólogos a las obras literarias y filosóficas, en el que se congregan infames intelectuales. Queda así conformada la APyP, Asociación de Prologadores y Prologadoras. 

A instancias de tan deleznable institución, financiadas con fondos públicos, se comenzaron largos y eruditos estudios de los prólogos más famosos dejando de lado las obras a las que ellos prologaban. Así, en las Actas del “Primer simposio de la APYP”, podemos encontrar trabajos sobre el “Prólogo a la Segunda Edición de la Crítica de la Razón Pura”, los “Prólogos” a  las obras aristotélicas de que hace Averroes, el prólogo de Jitrik al Facundo de Sarmiento, el de Galveiro a Os Sertones de Euclides Da Cunha, etc. 

La dimensión e influencia que estos estudios empezaron a tomar, algo que teniendo dinero y casándose adecuadamente no es difícil de lograr, condujo inevitablemente al desastre actual. Filósofos y literatos empezaron a producir profusamente prólogos para obras ya suficientemente prologadas, y cuando estas se acabaron, empezaron a dedicar su tiempo a pensar en los prólogos que harían a obras nunca escritas.

En el Prólogo a Dimensiones de la Conciencia Presente de Enrique Plá, Frederich Neemás escribe “La obra que presentamos tiene un importante función en nuestros días. En efecto, Plá nos presenta las modalidades de nuestras modos primarios de la conciencia en clara oposición y discusión con la preeminencia contemporánea del psicoanálisis que todo lo reduce a reflujos de nuestro inconsciente. Plá nos ofrece de esta manera nuevos campos para pensar nuestros modos contemporáneos de ser en el mundo y de ser con otros recuperando la larga y abandonada tradición fenomenológica”. Este prólogo representaría el mayor de los absurdos, ya que tanto obra como autor son inexistente. Decimos “representaría” si no fuera porque los infames de la APyP se las ingeniaron para ser aún más ridículos. En sus Actas del IX Congreso Internacional de la APyP publicaron dos trabajos donde discuten la interpretación que Neemás hacía de la obra de Plá: Lipmann critica que la exégesis de Neemás acerque tanto a Plá a la hermenéutica posheidegerianna, lo cual entiendo como una clara distorsión del correcto sentido de la obra de Plá. Por su parte, y resumiendo exageradamente su argumentación de 20 folios, Schwarz sostiene que Plá no nos está presentado en su obra una reflexión acerca de los modos de solidaridad humana, una reflexión acerca del ser con el otro, sino que se mantiene en el plano puramente internalista de la conciencia recayendo de este modo en el solipsismo. De este modo Scharwz critica la operación prologal de Neémas, ya que entiende que este último solo está trayendo “agua para su molino” (sic) poniendo en palabras de Plá cosas que no quiso decir. 

¡INFAMES! ¿Cómo han podido olvidarse que la obra de Plá es inexistente? ¿Cómo han podido olvidarse que Plá mismo es inexistente? Si, como decíamos, los prólogos escotomizan, encorsetan, el sentido que una obra va a tener, aquí la operación se vuelve absurda: NO HAY SENTIDO DE LA OBRA. El prólogo estaría determinando una nada, un vacío.

Para terminar, solo dos soluciones se me ocurren para acabar con semejante barbarie. Por un lado, cual psicoanálisis, tratar de llevar a la conciencia la causa de tal patología. Con respecto a esto avizoro que la nueva generación tiene terror al vacío, por ende prologar obras inexistente (vacíos de sentido) es la forma de ejercicio de un control disciplinar sobre aquello que nos espanta. Es análogo al procedimiento terapeútico de hacer chistes sobre la muerte para reirnos de algo que nos espanta. Por otro lado, y de forma más directa y urgente, pienso que podríamos seducir a Miriam Potking, o en su defecto al esperpento de Grahamn Nisbet, para disolver el matrimonio que a tan desastrosas acciones ha llevado. 

 

Mi Muy Estimada:

 

Cuantas líneas quisiera escribirle un día como hoy, el día de su cumpleaños, claro está. Pero usted y yo sabemos que en los tiempos contemporáneos dedicarle mucho tiempo a los afectos, escribir profusamente, indagar en los normales sentimientos del compañero no es decoroso. 

Más allá de nuestro seguro desacuerdo con los tiempos contemporáneos en este aspecto, sólo por hoy no quedemos como indecorosos, y vayamos a lo concreto, a lo que, como se deduce fácilmente de estas líneas, a muchos no cuesta llegar. Y es que nos vamos por otros carriles, mezclamos temas, volvemos a tópicos de una ya antaña media hora. Tal vez sea una forma solapada, mejor: sutil, de resistirnos a la premura contemporánea. ¿Sea, tal vez, esa capa de piel que impide salir el pus de la decadencia actual? En fin, absurdamente nos resistimos a la complejidad de ser sencillos, y por puro esnobismo y vanagloria propia, preferimos la comodidad de parecer complejos. Queda esto demostrado en que si asumiéramos lo penoso de ser sencillos, simplemente hubieramos dicho: Feliz cumpleaños.

Reseña de Anfisbena (GEC-La Plata)-2014

Anfisbena – Una visita al museo del GEC

 

Exposición, mirada, recorrido y poder

 

Es cuestión de entrar por la puerta, y encontrarse con una totalidad ya significante: la exposición de objetos de colección que no obstante encontrarse ahí para nuestra mirada se hallan claramente en otro registro. Una cuerda insiste en colocarnos en otro lugar: son objetos de exposición. Uno entra la obra y comienza a recorrerla, en un recorrido que sin embargo no es individual sino colectivo, uno va mirando y recorriendo con los otros, esquivandolos, sobrepasándolos, recorriéndolos también a ellos.

Cinco mujeres nos devuelven su mirada fría y firme. Parecen ser cuerpos humanos, pero en la obra los distintos esquemas que vamos construyendo acerca de la situación van continuamente siendo puestos en crisis. Un texto hermético al lado de esos cuerpos insiste en convencernos de que se trata de otra cosa. El recorrido que vamos haciendo va acumulando significaciones y va al mismo tiempo va acumulando estallidos de significaciones. Las voces recitan textos, pero no en una linealidad, no. Las voces recitan textos desordenados, superpuestos, alterados. Tenemos entonces: cuerpos, palabras escritas y palabra sonora, todos registros que en la obra se resisten a ser incorporados en una unidad significativa. 

Y al mismo tiempo tenemos el registro de la mirada, mirada que en este primer momento se vuelve un ejercicio del poder, una mirada catalogadora que busca encasillar esos objetos en alguna taxonomía. ¿O es que acaso los mirados somos nosotros? ¿O somos nosotros los que estamos atrás de una cuerda?

La situación de poder es inmediatamente contradicha. Las luces se encienden y la voz autoritaria nos llama por nuestros apellidos. Los mismos cuerpos que mirábamos (los mismos?) ahora nos ponen bajo la mirada experta y nos encasillan en taxonomías clínicas. Puede ser por mi particular aversión a los médicos pero se trató de un momento particularmente intenso, incómodo, vivido. La sala de museo se volvió una sala de espera de posguerra. Y resulta que soy barítono medio pelo. 

 

Es cuestión de entrar luego al museo de GEC, el “Grupo de estudios sobre el cuerpo”. Nuevamente aquí la narrativa de la historia de un grupo se va formando a partir de la acumulación de los registros materiales: un vestido, un cuaderno, una foto y un audio. El detalle parece buscar una significación totalizante, tanto la historia como la prehistoria parecen querer decirnos que ahí están, en esos objetos, se contiene lo que el grupo es y lo que el grupo hace. Lo que grupo también buscó ser, y cómo ciertas cosas parecen preanunciarlo. Los materiales cuidadosamente elegidos no forman en sí una narrativa, sino que es trabajo del receptor, de uno, formar esa narrativa, bosquejar unidades de sentido que integren el detalle.

 

Es cuestión de perderse un poco en la maraña de brazos, de bocas parlantes, de ojos mirantes, y de elegir arbitrariamente una mano que tocar, una boca que escuchar, unos ojos que mirar, un recorrido que hacer. Es cuestión de enredarse con las anfisbenas, meterse en la narrativa, desarmarla, volver a armarla, buscar el otro lado sin encontrarlo.

Destacado

Adornadas i

El arte surge de un mundo, al cual muchas veces cuestiona. Un mundo que a su vez tiene al arte como uno de sus constituyentes, un mundo formado también por el arte. Indagar en ese mundo implica también indagar en las relaciones no obvias que el arte teje con aquello de lo cual no está nunca plenamente separado pero a lo cual tampoco está plenamente unido. Nadie debería sorprenderse entonces ante el hecho de que uno de los temas que atraviesa siempre la producción artística sea el mismo arte, y su vínculo con el mundo en el que está inmerso ¿Se ha preguntado alguna vez qué es lo que ve una muñeca rusa desde adentro? Lo emocionante está en que cada muñeca contenga en sí la posibilidad de llevarse a ella misma en su interior y que la nueva muñeca no sepa que lo que ve oscuro desde adentro no es más que sí misma acobijándose. Así también quisiera el arte ver desde afuera lo que adentro oscurece.

Ciencia sociales, Humanidades y la eterna sospecha

Históricamente una duda se ha cernido sobre los estudios en el campo social y de las humanidades. Aquellos campos de construcción del conocimiento que justamente tienen como premisa de análisis básico el cuidado de la dimensión histórica de los asuntos humanos parece, paradójicamente, atravesado desde siempre por la sospecha de su inutilidad, su poca ‘seriedad’ o su ocupación vana en cosas poco importantes.

Difícilmente alguien que no sea especialista en física, matemática, astronomía o biología cuestionaria las investigaciones que en ese campo se realizan (a lo sumo, cuestionan que se las realice, pero no se meterían a cuestionar el por qué y cómo están investigando eso). Hace apenas un día que el mundo, científicxs, periodistas, ciudadanxs en general, celebraba la primera imagen de un agujero negro. Nadie cuestionó la necesidad, importancia o incluso validez empírica y metodológica de esa investigación.

Para las ciencias sociales y humanidades la situación es diferente, tal vez porque tratan de asuntos muy cercanos, en lugar de asuntos tan lejanos como un agujero negro. No me quejo, creo que la sociedad tiene derecho a saber sobre qué investigamos, más aún cuando nos financiamos con sus fondos, creo también que -aunque es un tema complejo de qué modo hacerlo- tenemos la obligación de justificar la importancia de nuestras investigaciones. Solo señalo la parcialidad con que esto es exigido, y la poco seriedad que tiene que venga alguien a hablar y criticar de ciencias sociales sin haber leido los papers y que no se atrevería -con la misma comodidad- a hablar de física en un programa de televisión.

En las humanidades y Cs. Sociales hemos aprendido, ya en nuestra constitución como campo disciplinar, que cada idea humana, que cada institución, que cada problema, que cada noción sobre el mundo que tenemos no es originaria de un tiempo anterior al tiempo, sino que se constituye de forma compleja en momentos determinados y respondiendo a situaciones específicas. Nuestras ideas de subjetividad, de enfermedad, de niño, de juventud, de ciencia, de literatura, de arte, de sexualidad, de hombre y de mujer, de delito y responsabilidad, de educación y de Estado mismo, de trabajo y de juego, de ocio y de espacio laboral, de familia y de amistad, de atención médica y de saberes jerárquicos, están irremediablemente atravesadas por la historia, y se van armando en sistemas que determinan hábitos, instituciones, modos de ver el mundo, de pensarlo y de comportarnos en él.

Para entender el mundo en que vivimos es necesario revisar esas ideas y ver qué de ellas queremos seguir manteniendo y qué de ellas ya no necesitamos. Para eso, tenemos que hacer ciencias sociales. Y mucha.

Voy a poner solo un par de ejemplos, que no agota ni de cerca el campo de investigaciones.

Hace poco una conocida que trabaja en el área de salud viajó a lugares recónditos de la Argentina con el proyecto de diseñar un plan estratégico para atacar una enfermedad que hace muchos muchos años posee medicación. En territorio advirtió que si bien la medicación para prevenir la enfermedad estaban, el problema no pasaba por ahí, sino que el diseño del plan tenía que necesariamente incluir toda una suerte de factores sociales, que unx biólogx, médicx o veterinarix no necesariamente hubiera tenido en cuenta. Por ejemplo, la dinámica semi-nómade de la población, su idiosincrasia, su manejo de la lengua y la relación médicx-paciente,. Implementar una política pública de salud requiere en este caso de generar mucho conocimiento social, del territorio, de sus lenguas, de sus vínculos con otras comunidades, de sus modos de vivir, etc, etc. Esto es ciencia. Diseñar una política pública debería integrar un equipo interdisciplinar de geógrafxs, médicxs, sociólogxs, etnógrafxs, traductorxs, referentes de la comunidad, etc.

La mayoría de lxs niñxs de mi generación, masivamente, vió programas de televisión como chiquititas, cebollitas, rebelde way, etc. ¿no quisiera usted saber en qué ideas formaba acerca del mundo, de las amistades, de los códigos entre personas, del deporte, de la sexualidad? Yo la verdad, estoy muy interesado en averiguar qué sujetos y para qué mundo forma cada producto de consumo masivo. ¿En serio usted no tiene ganas de saber -y saberlo con las mejores herramientas metodológicas disponibles- en qué clase de cosas educa pepa pig? A mi, en lo particular, me urge.

También me urge saber cuales son las causas del fracaso escolar, y por qué muchos chicxs no terminan la escuela, y saberlo, aún cuando incomode al poder, correlacionando variables de clase, raza, género, etc. O tratar de entender, y de investigar, cómo se dieron los procesos de venta de empresas publicas a manos privadas en los noventa, y tratar de entender también qué pasa cuando estas vuelven al ámbito público ¿es lo mejor? ¿funcionó o no? ¿podría haberse hecho mejor?

¿No quisiera usted tener un/a científico/a que estudie qué clases de educación está recibiendo su hije que lee allí, tan inocentemente, un libro como Harry Potter?

O tratar de entender, y hacerlo con las mejores herramientas metodológicas posibles, qué pasa con el delito. ¿cuán grave es el problema? ¿cuáles son las causas que llevan al delito? ¿han relación o no entre delito, edad, clase, género? Si no entendemos esto, podríamos como Estado estar pifiandole fuerte en el diseño de políticas públicas, y atender un problema que no es tal o atenderlo de una manera que no es correcta porque no entiende cuáles son las variables que afectan al fenómeno.

Necesitamos hacer ciencias sociales, por ejemplo, para entender también cómo funcionó la AUH y también para indagar acerca de si es cierto que se fue ‘por el canal del vino y de la droga’. ¿Los funcionarios que dieron esto, y la persona de a pie que lo repite, habrá leído algun paper de algún/a científica que hizo un seguimiento de esta política pública?

Hacer investigación en humanidades  es necesario para entender también cómo funciona la ciencia misma en nuestra sociedad y qué criterios de validación se están usando, y qué imágenes de la ciencia imperan cuando alguien, desde su estudio de televisión, se hace el bravucón interpelando a un científico social y celebra, sin más cuestionamiento la imagen de un agujero negro. ¿qué ideas de la ciencia hay detrás de eso? O también, hacer ciencias sociales para descubrir que hay desigualdades de género al interior de la investigación científica y de las universidades.

Y también, hacer investigaciones para saber y evaluar de qué manera se llevó a cabo el debate por la interrupción legal del embarazo, y por extensión, de qué manera se están llevando a cabo los debates en la arena pública, y sobre qué supuesto están montados los argumentos que se esgrimen. Y también, hacer investigación para entender de qué manera justificamos nuestras elecciones morales, nuestros deberes éticos. Y también, hacer investigación en humanidades para entender qué ideas tenemos incluso acerca de los valores morales, sobre qué creemos que están fundados y si eso es aún defendible.

O también, necesitamos hacer investigaciones para entender de qué manera, el arte que vemos, la novela que leemos, el cuadro que miramos, la obra de teatro que disfrutamos, no son neutrales, y forman sociedad, y forman ideas, y forman mundo, ¿no quisiera usted acaso estar alerta y saber qué clase de mundo está en formación?

Toda idea, noción, hábito, sistema, etc., lo sabemos, emergen históricamente y en su proceso violentan sobre otras nociones de mundo,otras vidas posibles, otros lenguajes y discursos (el lenguaje de la ciencia también lo hizo y colaboró a hacerlo). Necesitamos ciencias sociales para entender el fenómeno del poder, y también para darle una voz y tratar de hacer alguna justicia a todo lo que violentamente ha sido reprimido. Gracias a que hay ciencias sociales e investigación en humanidades en conjunto con otras construcciones de saber sabemos por ejemplo, con estadísticas y estudios, que el femicidio no es un simple crimen y que tiene características específicas. Necesitamos estudiarlo más y mejor, es urgente. Y también sabemos que en un monton de países son castigadas las relaciones consensuales entre parejas del mismo sexo.

Para evitar burradas como lo que dijo nuestro presidente en en Congreso de la Lengua Española, negando la existencia de muchas lenguas, la pre-existencia de tantas otras que la colonización violenta borró, es que también necesitamos mucha, mucha más, ciencia social.

Por que nos urge hacer alguna justicia -si fuese posible- de todo aquello violentado, tenemos que ir a buscar a donde todavía no hemos mirado. En la literatura no canónica, en los géneros que no se impusieron, en los cuadros que no entraron al museo, en el arte callejero, en los saberes que se perdieron, ¿qué mundos quedaron oprimidos? ¿qué ideas acerca de la humanidad y de vínculo con la tierra? y correlativamente, ¿por qué entraron los que sí entraron? ¿qué humanidad fue posible y no llegó a ser? ¿qué potencias tenemos hoy en día? Y lo estamos haciendo con las herramientas de la ciencia. Y no solo eso, estamos diseñando nuevas herramientas, porque nuestros objetos de estudio de estudio así lo requieren. Por que al estudiar las dificílisimas interacciones de las comunidades humanas, las situaciones cambian en la medida en que en ella se introducen nuevas condiciones (y la ciencia como una de las condiciones más que se introducen en ella y que cambian el panorama). 

Sí, esas preguntas son incómodas, e incomodan sobre todo, al poder. Sí, las humanidades y las ciencias sociales tenemos el raro privilegio de que se erija la sospecha sobre nuestras investigaciones (no sobre todas, también hay ciencias sociales ideológicas, o acomodaticias con el poder). Y será por eso también, porque nos ocupamos de lo reprimido, de lo más cercano, de lo más complejo de entender, que son las relaciones humanas y el mundo este en que vivimos.  Estamos incomodando a lxs ideólogxs que nos quieren hacer pensar que el mundo tal y como está siempre fue así y no hay nada que hacer. Sí, digo ‘privilegio’ porque si la sospecha viene de parte de aquellos funcionales al poder, de aquellos que desde su tribuna destilan odio, violencia, entonces quiere decir que algo bien estamos haciendo.

Breve reflexión sobre economía, política y periodismo desprevenido

Nadie que lea estas líneas desconoce mi postura política y me férrea oposición a esta forma de gobierno. Solo pretendo sumar una reflexión escrita desde la urgencia, en los instantes de peligros, sobre lo que subyace a los posteos que suelo realizar en facebook.
A menudo la Alianza Cambiemos (Pro + Radicales + peronismo dialoguista) suele justificar sus decisiones económicas y políticas de ajuste en una suerte de inexorabilidad de leyes supramundanas que los obligan a tomar esa decisión. Nos dicen que el ajuste es necesario (como opuesto a ‘alternativo’) por el desbalance de las cuentas fiscales y los desmanejos de la economía.
En este sentido, llama mucho la atención que, durante la campaña en 2015, prometieron en todos los medios aliados que su proyecto no era ajustar o quitar ningún tipo de derechos. En esa misma campaña también afirmaban que el gobierno anterior mentía acerca de los grandes logros de su gestión (aún cuando eran perceptible las mejoras en la calidad de vida de las personas) y que las cosas buenas no se iban a tocar, como por ejemplo, el proyecto 2020 de
Ciencia y Tecnología, asegurado por la continuidad del otrora ministro Lino Barañao.
Ni bien asumen, comenzaron con los despedidos y el ajuste en las tarifas, con la quita de subsidios y lentamente con el desenzamblaje de todas las estructuras más interesantes que garantizaban acceso a la comunicación, a la justicia, a los programas sociales (que no es solo la AUH, sino programas como el ellas hacen), y a la educación e inclusión tecnológica.
Un interesante giro entre las promesas electorales y las políticas efectivamente aplicadas. ¿Cómo explicaron esto? Diciendo que la situación era peor que la que imaginaban (de por sí curioso, para un país que habia bajado la desocupación, que estaba desendeudado, que avanzaba hacia la industrialización, que había impulsado las pymes, que había lanzado dos satélites y vendía desarrollos tecnológicos a otros países).
Es decir que, en sus propios términos, tenemos dos opciones: 1) o bien el gobierno actual ya empezó fallando antes de ser gobierno, por no poder hacer un diagnóstico adecuado, 2) o bien arrancaron mintiendo por no poder decir lo que en realidad venían a hacer.
La opción 1 parece poco probable básicamente porque su campaña se basó en lo mal que estábamos y porque su equipo se componía de empresarios y la estructura de intendentes y gobernadores del radicalismo, además de renombrados economistas, politólogos, periodistas, couchings, políticos de trayectoria y del propio Macri que gobernó CABA durante ocho años. ¿Será que todos ellxs fallaron en el diagnóstico?. Será que ninguno de ellx pudo ver las cosas como eran? ¿Ni siquiera los empresarios e intendentes? ¿Será que desde el primer momento eran un equipo inutil para gobernar un país?
A partir de allí la Alianza Cambiemos se vió inexorablemente determinado, según decían, a tomar medidas antipopulares. A la justificación de origen reseñada arriba sumaban ahora la justificación de necesidad. La trampa implícita es que nos presentaban (y presentan) como necesario lo que en realidad era una elección. La trampa es que detras de las acciones no hay necesidad sino que hay valores que las guían y lo que no nos dicen es qué valores los guiaron.
¿Qué valores han guiado las políticas económicas de un gobierno cuyas primeras medidas fueron pagarle US$ 9300 millones a los fondos buitres (que nunca le prestaron plata a la Argentina? ¿Qué valores económicas guiaron el levantamiento del cepo? ¿Qué valores democráticos guiaron el nombramiento de dos Jueces de la Corte Suprema de la Nación? ¿Qué urgencia democrática y política determinó el derogamiento por decreto de la Ley de Medios? Ley votada por mayoría agravada en el congreso y ratificada su constitucionalidad por la misma Corte Suprema
Tomemos el caso de los US$93000 millones. Es un bien que tenemos como recurso. Ahora, tenemos que ver cómo lo usamos. Ahí ya hay un valor, y entonces no hay una necesidad sino una elección. ¿Se lo vamos a dar a fondos buitres o lo vamos a poner en una pymes nacional? ¿se lo vamos a dar a capitales extranjeros o lo uso para pagar salarios de empleados y así no tener que despedir gente?
O Tomemos otro bien, como la deuda que el Estado Argentino le perdonó al Correo (Macri). Esa plata podíamos ponerla en industrias o en salarios o en innovación tecnológica, y sin embargo se la perdonamos a una familia millonaria.
Elegir un valor implica rechazar otros, y este gobierno desde que asumió solo ha elegido beneficiar los ricos. De eso ya no queda duda, y si no me crees a mi, andá a leer a Tenembaum, periodista que nadie acusaría de kirchnerista.
¿Era necesario abrir las exportaciones y que se fundan las pymes o fue una medida opcional que benefició a unos pocos de por sí ricos? Un país que no tiene la máquina de hacer dolares ¿ debe dejar libre la venta de los mismos o sería mejor disponer de ellos para la industria que requiere de importar insumos? nuevamente ahí hay elecciones, y detrás de las elecciones hay valores, y junto con ellos un proyecto de país.
Pero este gobierno disfraza como necesarias las elecciones que toman. Lo que era optativo se vuelve necesario, y entonces se ocultan los valores que los guían.
Y ojo, no están desarmando el Estado, solo lo están poniendo al servicio de los ricos, que es una de las tantas funciones que un Estado puede tener.
Mientras tanto, a los pobres nos dicen que necesitamos del esfuerzo de todxs, pero ese todxs no incluye a los capitales financieros, ni a los mas ricos a los que les perdonaron impuestos.
Gracias a que estabamos desendeudados este país tomó nueva deuda, pero esa deuda no fue a parar a la producción, fue a parar a los bolsillos de los especuladores que se enriquecieron como nunca antes. Ahí hay de nuevo un valor.
En la economía no hay leyes universales ni necesarias, en la economía hay política, y la política es la toma de decisiones de qué valores vamos a priorizar.
Ya no tenemos ministerio de Salud pero mientras tanto los amigos del poder fugaron casi todo el préstamo en dolares. Ahí hubo una elección: se eligió el negocio de una minoría por sobre la salud de una mayoría. Eliminar el ministerio de Salud y el de Ciencia y Tecnología no era una necesidad, fue una elección que responde a un modelo de país.
Y en el medio de este caos, ahora periodistas que hicieron de todo para que este gobierno gane, nos dicen que este gobierno se equivocó, tuvo errores.
Del otro lado, los que ya en el 2015 sabíamos que esto era lo que iba a pasar si ganaban (y nos acusaron de hacer campaña del miedo).
Esos periodistas, ¿acaso no analizaron quien era macri y quien su equipo? ¿no analizaron los ocho años de gestión de macri en la ciudad? ¿no sabían qué pensaban sus economistas estrellas como Melconian y Sturzeneger? ¿no sabían quienes eran los que financiaban las campañas? ¿No sabían que sus recetas eran las neoliberales? ¿no sabían que el neoliberalismo manejado por empresarios multinacionales nunca beneficia al pueblo y siempre beneficia a los ricos?
Esos periodistas o bien son muy malos periodistas, en cuyo caso su opiniones deberían ser rechazadas en adelante o bien son cínicos y perversos y quieren salvarse de un bote que se hunde, en cuyo caso sus opiniones deberían ser repudiadas.
Que nadie se haga el desprevenido. Esto que está pasando no son ‘errores’, ‘fallas’ o ‘tormentas’. Este ES el modelo de país que vinieron a instaurar. Y este modelo, con pobreza, desocupación y mano de obra barata, de una economía primarizada, no es posible sin represión, enfermedad y angustia de sus habitantes.

Lugar es lo que hay

entre vos y yo

A veces es distancia

A veces es encuentro

Pero nunca es

Ni será

Mera continuidad

Lugar no es un resto

No sobra nada

No hay exceso

Sino más bien

Una falta

Falta de amor

Falta de entendimiento

Falta de vos

Falto yo

quisiera llenarlo

De palabras, de canciones, de ruidos y reflexiones

De sexo, y mucho semen

De mensajes a la noche y mates a la mañana

Pero no

Me retiro

Te retiro

Me retiras

Te retiras

Se nos retira.

En el principio no era el verbo

Si no el lugar

Que nos precede

Nos da existencia

Busca en nosotros

Sus víctimas sacrificiales

su razón de ser

No éramos nosotros

Nunca se trató de nosotros

Era, sin saberlo

El embrollo de la creación